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Aikido Hakusan Dojo
Un Arte Marcial para la Vida

El Aguilucho 3308 · Providencia
Santiago · Chile
9-824 2298
manudiaz@mi.cl

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Las Bases de un Mundo Mejor

En Hakusan Dojo el Aikido es una disciplina de vida no sólo para los adultos. Aproximadamente  45 niños y niñas, de entre 6 y 13 años,  llegan regularmente a las clases de menores que desde hace 10 años realiza Manuel Diaz Sensei. En sus prácticas los pequeños aprenden los principios básicos del Aikido en forma lúdica y en un ambiente que es propio de un Dojo japonés.

 

Lo que sucede dentro del tatami durante las clases de niños no tiene nada que ver con lo que ocurre en las de adultos. Así lo cree Manuel Sensei, para quien el objetivo es que los menores aprendan preceptos fundamentales del aikido, tales como la no violencia, la colaboración, la no resistencia, la flexibilidad y el respeto; de modo que puedan incorporar esos principios dentro de su actividad cotidiana y que sientan que a través de su cuerpo tienen la posibilidad desarrollar aptitudes que les sirven para su vida diaria. Esta tarea no es rápida ni fácil, ya que el trabajo con los niños implica potenciar en ellos el desarrollo de cualidades como la disciplina, el silencio y la perseverancia, cosas que requieren de tiempo y paciencia para comenzar a incorporarse.

 

            Las clases están abiertas a los adultos que quieran colaborar, habiendo por lo general un grupo de Sempai que regularmente participan de ellas, entre estos se encuentran varios padres que también practican aikido en Hakusan Dojo, quienes comparten con sus hijos el tatami y ayudan durante la práctica de los pequeños.

 

Sin embargo,  para los adultos la experiencia de participar en estas clases no implica sólo ayuda, ya que es mucho lo que se puede aprender con los pequeños para enriquecer la propia práctica. Manuel Sensei explica que los niños tienen menos prejuicios corporales por lo que realizan un trabajo mucho más natural y, aunque no tengan un gran repertorio de técnicas, poseen una naturalidad en su movimiento que si el adulto está abierto a sentirla  se dará la posibilidad de experimentar un intercambio significativo.

 

Motivado entre otras cosas  por la necesidad de que su hijo aprendiera Aikido, Manuel Sensei comenzó a realizar las clases a un grupo de entre más o menos 12 niños, su intención era generar un espacio de encuentro corporal donde los pequeños pudieran compartir con sus padres, siendo eso lo que marcó el acercamiento al Aikido de varios aikidokas adultos. Desde ese entonces ya hay algunos niños que pasaron al grupo de jóvenes de Hakusan Dojo en quienes se  puede ver como el Aikido es una inspiración para sus vidas y como su forma de moverse en el mundo está marcada, en mayor o menor medida, por su aprendizaje en el Dojo.

 

           Parte de la importancia que ha adquirido la práctica del Aikido para los niños de Hakusan se vio reflejada en 2007, cuando Manuel Sensei junto a ocho niños y dos alumnos adultos viajaron a Canadá por más de dos semanas a participar de un seminario para niños de Japón, Canadá y Chile; el que contó con la participación de los profesores Jean René Leduc Sensei, Daiyu Takeda Sensei y Manuel Diaz Sensei. 

 

Dicha experiencia, sumada a que actualmente se realizan muy pocos espacios de encuentro internacionales para los niños, motivo que Manuel Sensei junto a Daiyu Takeda Sensei tengan el proyecto de realizar durante 2010 un encuentro que permita que los niños a partir del Aikido compartan su propia cultura, es decir, un seminario que vaya más allá de la práctica corporal en la medida en que intercambien su lenguaje, historias, música, vestimenta, intereses, ancestros, por mencionar algunas cosas.

 

Al hablar de la importancia que tiene para él la enseñanza el Aikido en los niños, Manuel Diaz Sensei cuenta que durante muchos años fue un espacio en donde lo pasaba muy bien, se sentía cómodo, libre, con la posibilidad de jugar sin sentirse ridículo. En un nivel más profundo relata que lo más importante es la sensación de que está entregándole herramientas a personas que van a estar  a cargo del futuro, es decir,  participar de la formación de los adultos del mañana, en sus propias palabras: "Ahí está la esperanza para un mundo mejor, a muchos adultos puede que nos cueste más  cambiar,  soltar, por lo que siento que los niños son un potencial súper grande y  me encantaría poder entusiasmar a mucha más gente a que pudiera embarcarse en este proyecto y formar a los niños en el Aikido".


Escrito por Eduardo Zamudio / Daniela Crovetto.